sábado, 14 de julio de 2012

NEOLENGUA

Normalmente, con el tiempo, las lenguas van cambiando. Las palabras significan cosas hoy que nada tendrán que ver con su significado dentro de unos años ni con el que poseían antaño. Se crean palabras nuevas y muchas otras entran en desuso. Se adoptan palabras de otras lenguas y las nuevas tecnologías incorporan muchas expresiones y palabras nuevas a nuestro vocabulario.
Este proceso suele durar generaciones en la mayoría de los casos. A día de hoy, aunque a muchos les duela, aún sigue sonando el "dabuti" con el que nuestros padres se hacían los molones en las discos, y quizás muchos de nuestros hijos lo lleguen a escuchar más aisladamente, esperemos.
Quizás no he sido adoctrinado adecuadamente en este campo, per la verdad es que ando confundido con el uso de algunas palabras con las que he tenido que lidiar a lo largo de mi vida y que creo que descontextualizo siempre, porque jamás consigo hallar el sentido correcto de esas palabras.

Por ejemplo, de pequeño solía jugar a futbol. A la hora del patio, a la hora de comer y al salir del colegio. Los fines de semana, siempre que la lluvia no nos jodiera nos reuníamos unos cuantos amigos y no fallaba la pachanguita de futbol. Cuando llegaba a casa el domingo a la noche me llamaban vago por no haberme quedado en casa leyendo y estudiando. Lo mísmo ocurría con el profesorado a final de curso.
Hoy me llaman lo mísmo por quedarme en casa leyendo en lugar de ir a rendirle culto a mi cuerpo ante unos espejos, máquinas y pesas.
Aprendí a observar, a quedarme con los detalles que una escena cualquiera de mi vida podía aportarme. Olores, sonidos, voces, frases, gestos, palabras, horarios, direcciones, canciones, teléfonos,... En menos de lo que se tarda en parpadear pasé de ser un chico observador y detallista a ser perturbado y maniático .
Miro a mi alrededor y veo a la gente abatida, rendida, son cuerpos inertes arrastrados por la rutina, máquinas programadas, robots, esclavos, sumisos que deambulan de casa al trabajo y del trabajo a casa, cansados, fatigados, todo para pagar a final de mes su pacto con el diablo. Reciben el nombre de luchadores. Yo creía que un luchador era alguien incansable, insaciable, un imbatible que nunca se daba por vencido, que hacía caminos dónde sólo había piedras, bosques, selvas o malezas. Aquél que caía y se levantaba, aquél que decidía dónde pisar y no dejaba su destino en manos del azar. Aquél que sabe lo que quiere y no se rinde hasta que lo consigue. Hoy les llaman soñadores.
Mientras esos soñadores se desangran en el campo de batalla, muchos de esos luchadores ya le están llamando perdedor por el simple hecho de que, para ellos, sus aspiraciones son solo sueños u objetivos imposiles de alcanzar. A mi me enseñaron que el perdedor era el que había perdido.
Cuando eres valiente y dices lo que piensas y sientes como lo piensas y lo sientes te llaman loco. El loco que narra la realidad tergiversada del valiente es la víctima cuando la verdadera víctima de los traumas del loco suele ser el valiente.
Estamos de enhorabuna, ¡¡la cefalea ha sido erradicada!! Al común dolor de cabeza se le llama migraña sin pudor alguno. A la sobredosis de café, el no echarse la siesta, no encontrar pareja estable y no asimilar ciertos cambios que se producen en tu vida ya no se le llama mala racha/época o irritabilidad , ahora es ansiedad. Y si tienes dos días malos crisis de ansiedad.
Los pacientes diagnosticados con depresión son los que van a la moda. Por cierto, son luchadores todos ellos, mientras que el que levanta cabeza como puede y no se rinde es un pringao'.

Para no sufrir un ataque de ansiedad ya que el temita me produce migraña perpetua, me sacrifico y sigo entre los pringaos' , pero no voy a mencionar ninguno de los abusos reales que se hacen a día de hoy en política de la Neolengua tal y como la explicó Orwell.
 



"En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón". Friedrich Nietzsche